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UDISTRITALPRENSA2008

Un espacio para la reflexión y la acción desde el Proyecto Curricular de Postgrado Especialización en Pedagogía de la Comunicación y Medios Interactivos

12 Abril 2008

REFLEXIÓN PERIODÍSTICA


tomado de: http://www.udp.cl/prensa_educacion/docentes/taller/educomunicativos/bibliografia/MarioKaplun.htm

.

...``El otro modelo educativo es el que pone como base del proceso de enseñanza/aprendizaje la participación activa de los educandos; que los considera como sujetos de la educación y ya no como objetos-receptáculos; y plantea el aprendizaje como un proceso activo de construcción y de re-creación del conocimiento. Para esta concepción, todo aprendizaje es un producto social; el resultado -tal como lo postuló Vygotsky- de un aprender de los otros y con los otros. Educarse es involucrarse en una múltiple red social de interacciones´´...

Maestro Mario Kaplún nos toca de manera sencilla pero certera. Un interesante y breve aporte para tomar postura. La invitación a seguir el enlace, tal vez a comentar y sin duda para compartir. Ejercitémonos en las posibilidades de comunicación y de convocatoria que nos brinda este blog por las opciones de comentar y compartir ubicados al final de cada entrada.

Tags: prensa

servido por MARIA MERCEDES 8 comentarios compártelo

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Giovanni Alberto Guatibonza Carreño

Giovanni Alberto Guatibonza Carreño dijo

En primer lugar se debe entender que el escenario de adquisición de conocimiento (ya sea un aula de clase o la lectura de la prensa), tiene implicito un ejercicio de poder. El estudiante o el lector de noticias debe reconocer en el productor un componente de veracidad, de fuente legítima de conocimiento.

Es por esto que el profesor y el periodísta debe mantener siempre una ética profesional, por su parte el estudiante y el lector deben ser lectores críticos, capaces de observar otros documentos o textos sobre áreas afines, con miras a reconocer un estado del arte.

3 Mayo 2008 | 03:36 AM

sandra  parra montenegro

sandra parra montenegro dijo

Es indudable que lo principal en cualquier actividad no son las herramientas sino la mente de quien las usa, lo ideal desde mi punto de vista es que en la escuela y en la vida, se de la relación entre una mente abierta, principios democraticos y las mejores condiciones tecnicas.
Por que si bien es cierto que la escaces genera la creatividad, y en ocasiones el exeso de bienes atrofia la imaginacion, tambien es cierto que una mente creativa se potencia al infinito con las condiciones optimas de manejo de la tecnologia y de calidad de vida, hasta el punto de poder innovar esta misma tecnologia, por que luego nos diran que no es un problema de recursos, sino de imaginación y que entonces donde esta la creatividad de los maestros, etc... etc... etc.

4 Mayo 2008 | 02:56 AM

Orlando Cruz

Orlando Cruz dijo

Seguramente la respuesta estará en los medios de Comunicación Alternativos. Sin mucho poder de divulgación, pero con una amplia gama de posibilidades para la libertad de expresión. Obviamente acompañada de una enseña de responsabilidad.

La escuela tiene que intervenir con mucha más fuerza en estos espacios comunicativos, crear en el joven no solo el interés de realizar proyectos como el periódico, emisora, blogs, etc. Si no también, generar en él una actitud que logre contribuir a un bien social. Es allí en dónde se comienzan a crear los verdaderos valores que debe tener cualquier profesional que se desempeñe en cualquier área.

5 Mayo 2008 | 03:18 AM

sandra liliana ramirez cortes

sandra liliana ramirez cortes dijo

todas las personas poseen un nivel comunicativo, una forma diferente de recibir mensajes, el profesor en el aula recibe a diario mas de 120 estudiantes, tal vez sin tener en cuenta ese pequeño detalle, una comunicacion efectiva con ellos es sin duda el dejar que ellos manifiesten su forma de entender y de aprender por medio de dibujo, canto, baile, cartelera, programa de radio o television en fin ...hacer que ellos produzcan, deduzcan, se involucren en su propio aprender.

6 Mayo 2008 | 12:46 AM

MARIA EUGENIA CHARA NIÑO

MARIA EUGENIA CHARA NIÑO dijo

http://www.lacoctelera.com/mariaeugeniacharanino

A PROPÓSITO DEL TEMA DEL PERÍODISMO QUIERO COMPARTIR CON TODOS USTEDES ESTE DISCURSO PRONUCIADO POR GABRIEL GARCÍA MARQUEZ ANTE LA 52ª Asamblea de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), Los Ángeles, EE.UU., 7 octubre 1996.

" Hace unos cincuenta años no estaban de moda las escuelas de periodismo. Se aprendía en las salas de redacción, en los talleres de imprenta, en el cafetín de enfrente, en las parrandas de los viernes. Todo el periódico era una fábrica que formaba e informaba sin equívocos, y generaba opinión dentro de un ambiente de participación que mantenía la moral en su puesto. Pues los periodistas andábamos siempre juntos, hacíamos vida común, y éramos tan fanáticos del oficio que no hablábamos de nada distinto que del oficio mismo. El trabajo llevaba consigo una amistad de grupo que inclusive dejaba poco margen para la vida privada. No existían las juntas de redacción institucionales, pero a las cinco de la tarde, sin convocatoria oficial, todo el personal de planta hacía una pausa de respiro en las tensiones del día y confluía a tomar el café en cualquier lugar de la redacción. Era una tertulia abierta donde se discutían en caliente los temas de cada sección y se le daban los toques finales a la edición de mañana. Los que no aprendían en aquellas cátedras ambulatorias y apasionadas de veinticuatro horas diarias, o los que se aburrían de tanto hablar de los mismo, era porque querían o creían ser periodistas, pero en realidad no lo eran.
El periódico cabía entonces en tres grandes secciones: noticias, crónicas y reportajes, y notas editoriales. La sección más delicada y de gran prestigio era la editorial. El cargo más desvalido era el de reportero, que tenía al mismo tiempo la connotación de aprendiz y cargaladrillos. El tiempo y el mismo oficio han demostrado que el sistema nervioso del periodismo circula en realidad en sentido contrario. Doy fe: a los diecinueve años -siendo el peor estudiante de derecho- empecé mi carrera como redactor de notas editoriales y fui subiendo poco a poco y con mucho trabajo por las escaleras de las diferentes secciones, hasta el máximo nivel de reportero raso.

La misma práctica del oficio imponía la necesidad de formarse una base cultural, y el mismo ambiente de trabajo se encargaba de fomentarla. La lectura era una adicción laboral. Los autodidactas suelen ser ávidos y rápidos, y los de aquellos tiempos lo fuimos de sobra para seguir abriéndole paso en la vida al mejor oficio del mundo... como nosotros mismos lo llamábamos. Alberto Lleras Camargo, que fue periodista siempre y dos veces presidente de Colombia, no era ni siquiera bachiller.

La creación posterior de las escuelas de periodismo fue una reacción escolástica contra el hecho cumplido de que el oficio carecía de respaldo académico. Ahora ya no son sólo para la prensa escrita sino para todos los medios inventados y por inventar.

Pero en su expansión se llevaron de calle hasta el nombre humilde que tuvo el oficio desde sus orígenes en el siglo XV, y ahora no se llama periodismo sino Ciencias de la Comunicación o Comunicación Social. El resultado, en general, no es alentador. Los muchachos que salen ilusionados de las academias, con la vida por delante, parecen desvinculados de la realidad y de sus problemas vitales, y prima un afán de protagonismo sobre la vocación y las aptitudes congénitas. Y en especial sobre las dos condiciones más importantes: la creatividad y la práctica.

La mayoría de los graduados llegan con deficiencias flagrantes, tienen graves problemas de gramática y ortografía, y dificultades para una comprensión reflexiva de textos. Algunos se precian de que pueden leer al revés un documento secreto sobre el escritorio de un ministro, de grabar diálogos casuales sin prevenir al interlocutor, o de usar como noticia una conversación convenida de antemano como confidencial. Lo más grave es que estos atentados éticos obedecen a una noción intrépida del oficio, asumida a conciencia y fundada con orgullo en la sacralización de la primicia a cualquier precio y por encima de todo. No los conmueve el fundamento de que la mejor noticia no es siempre la que se da primero sino muchas veces la que se da mejor. Algunos, conscientes de sus deficiencias, se sienten defraudados por la escuela y no les tiembla la voz para culpar a sus maestros de no haberles inculcado las virtudes que ahora les reclaman, y en especial la curiosidad por la vida.

Es cierto que estas críticas valen para la educación general, pervertida por la masificación de escuelas que siguen la línea viciada de lo informativo en vez de lo formativo. Pero en el caso específico del periodismo parece ser, además, que el oficio no logró evolucionar a la misma velocidad que sus instrumentos, y los periodistas se extraviaron en el laberinto de una tecnología disparada sin control hacia el futuro. Es decir, las empresas se han empeñado a fondo en la competencia feroz de la modernización material y han dejado para después la formación de su infantería y los mecanismos de participación que fortalecían el espíritu profesional en el pasado. Las salas de redacción son laboratorios asépticos para navegantes solitarios, donde parece más fácil comunicarse con los fenómenos siderales que con el corazón de los lectores. La deshumanización es galopante.

No es fácil entender que el esplendor tecnológico y el vértigo de las comunicaciones, que tanto deseábamos en nuestros tiempos, hayan servido para anticipar y agravar la agonía cotidiana de la hora del cierre. Los principiantes se quejan de que los editores les conceden tres horas para una tarea que en el momento de la verdad es imposible en menos de seis, que les ordenan material para dos columnas y a la hora de la verdad sólo les asignan media, y en el pánico del cierre nadie tiene tiempo ni humor para explicarles por qué, y menos para darles una palabra de consuelo. “Ni siquiera nos regañan”, dice un reportero novato ansioso de comunicación directa con sus jefes. Nada: el editor que antes era un papá sabio y compasivo, apenas si tiene fuerzas y tiempo para sobrevivir él mismo a las galeras de la tecnología.

Creo que es la prisa y la restricción del espacio lo que ha minimizado el reportaje, que siempre tuvimos como el género estrella, pero que es también el que requiere más tiempo, más investigación, más reflexión, y un dominio certero del arte de escribir. Es en realidad la reconstitución minuciosa y verídica del hecho. Es decir: la noticia completa, tal como sucedió en la realidad, para que el lector la conozca como si hubiera estado en el lugar de los hechos.

Antes que se inventaran el teletipo y el télex, un operador de radio con vocación de mártir capturaba al vuelo las noticias del mundo entre silbidos siderales, y un redactor erudito las elaboraba completas con pormenores y antecedentes, como se reconstruye el esqueleto entero de un dinosaurio a partir de una vértebra. Sólo la interpretación estaba vedada, porque era un dominio sagrado del director, cuyos editoriales se presumían escritos por él, aunque no lo fueran, y casi siempre con caligrafías célebres por lo enmarañadas. Directores históricos tenían linotipistas personales para descifrarlas.

Un avance importante en este medio siglo es que ahora se comenta y se opina en la noticia y en el reportaje, y se enriquece el editorial con datos informativos. Sin embargo, los resultados no parecen ser los mejores, pues nunca como ahora ha sido tan peligroso este oficio. El empleo desaforado de comillas en declaraciones falsas o ciertas permite equívocos inocentes o deliberados, manipulaciones malignas y tergiversaciones venenosas que le dan a la noticia la magnitud de un arma mortal. Las citas de fuentes que merecen entero crédito, de personas generalmente bien informadas o de altos funcionarios que pidieron no revelar su nombre, o de observadores que todo lo saben y que nadie ve, amparan toda clase de agravios impunes. Pero el culpable se atrinchera en su derecho de no revelar la fuente, sin preguntarse si él mismo no es un instrumento fácil de esa fuente que le transmitió la información como quiso y arreglada como más le convino. Yo creo que sí: el mal periodista piensa que su fuente es su vida misma -sobre todo si es oficial- y por eso la sacraliza, la consiente, la protege, y termina por establecer con ella una peligrosa relación de complicidad, que lo lleva inclusive a menospreciar la decencia de la segunda fuente.

Aun a riesgo de ser demasiado anecdótico, creo que hay otro gran culpable en este drama: la grabadora. Antes de que ésta se inventara, el oficio se hacía bien con tres recursos de trabajo que en realidad eran uno sólo: la libreta de notas, una ética a toda prueba, y un par de oídos que los reporteros usábamos todavía para oír lo que nos decían. El manejo profesional y ético de la grabadora está por inventar. Alguien tendría que enseñarles a los colegas jóvenes que la casete no es un sustituto de la memoria, sino una evolución de la humilde libreta de apuntes que tan buenos servicios prestó en los orígenes del oficio. La grabadora oye pero no escucha, repite -como un loro digital- pero no piensa, es fiel pero no tiene corazón, y a fin de cuentas su versión literal no será tan confiable como la de quien pone atención a las palabras vivas del interlocutor, las valora con su inteligencia y las califica con su moral. Para la radio tiene la enorme ventaja de la literalidad y la inmediatez, pero muchos entrevistadores no escuchan las respuestas por pensar en la pregunta siguiente.

La grabadora es la culpable de la magnificación viciosa de la entrevista. La radio y la televisión, por su naturaleza misma, la convirtieron en el género supremo, pero también la prensa escrita parece compartir la idea equivocada de que la voz de la verdad no es tanto la del periodista que vio como la del entrevistado que declaró. Para muchos redactores de periódicos la transcripción es la prueba de fuego: confunden el sonido de las palabras, tropiezan con la semántica, naufragan en la ortografía y mueren por el infarto de la sintaxis. Tal vez la solución sea que se vuelva a la pobre libretita de notas para que el periodista vaya editando con su inteligencia a medida que escucha, y le deje a la grabadora su verdadera categoría de testigo invaluable. De todos modos, es un consuelo suponer que muchas de las transgresiones éticas, y otras tantas que envilecen y avergüenzan al periodismo de hoy, no son siempre por inmoralidad, sino también por falta de dominio profesional.

Tal vez el infortunio de las facultades de Comunicación Social es que enseñan muchas cosas útiles para el oficio, pero muy poco del oficio mismo. Claro que deben persistir en sus programas humanísticos, aunque menos ambiciosos y perentorios, para contribuir a la base cultural que los alumnos no llevan del bachillerato. Pero toda la formación debe estar sustentada en tres pilares maestros: la prioridad de las aptitudes y las vocaciones, la certidumbre de que la investigación no es una especialidad del oficio sino que todo el periodismo debe ser investigativo por definición, y la conciencia de que la ética no es una condición ocasional, sino que debe acompañar siempre al periodismo como el zumbido al moscardón.

El objetivo final debería ser el retorno al sistema primario de enseñanza mediante talleres prácticos en pequeños grupos, con un aprovechamiento crítico de las experiencias históricas, y en su marco original de servicio público. Es decir: rescatar para el aprendizaje el espíritu de la tertulia de las cinco de la tarde.

Un grupo de periodistas independientes estamos tratando de hacerlo para toda la América Latina desde Cartagena de Indias, con un sistema de talleres experimentales e itinerantes que lleva el nombre nada modesto de Fundación para un Nuevo Periodismo Iberoamericano. Es una experiencia piloto con periodistas nuevos para trabajar sobre una especialidad específica -reportaje, edición, entrevistas de radio y televisión, y tantas otras- bajo la dirección de un veterano del oficio.

En respuesta a una convocatoria pública de la Fundación, los candidatos son propuestos por el medio en que trabajan, el cual corre con los gastos del viaje, la estancia y la matrícula. Deben ser menores de treinta años, tener una experiencia mínima de tres, y acreditar su aptitud y el grado de dominio de su especialidad con muestras de las que ellos mismos consideren sus mejores y sus peores obras.

La duración de cada taller depende de la disponibilidad del maestro invitado -que escasas veces puede ser de más de una semana-, y éste no pretende ilustrar a sus talleristas con dogmas teóricos y prejuicios académicos, sino foguearlos en mesa redonda con ejercicios prácticos, para tratar de transmitirles sus experiencias en la carpintería del oficio. Pues el propósito no es enseñar a ser periodistas, sino mejorar con la práctica a los que ya lo son. No se hacen exámenes ni evaluaciones finales, ni se expiden diplomas ni certificados de ninguna clase: la vida se encargará de decidir quién sirve y quién no sirve.

Trescientos veinte periodistas jóvenes de once países han participado en veintisiete talleres en sólo año y medio de vida de la Fundación, conducidos por veteranos de diez nacionalidades. Los inauguró Alma Guillermoprieto con dos talleres de crónica y reportaje. Terry Anderson dirigió otro sobre información en situaciones de peligro, con la colaboración de un general de las Fuerzas Armadas que señaló muy bien los límites entre el heroísmo y el suicidio. Tomás Eloy Martínez, nuestro cómplice más fiel y encarnizado, hizo un taller de edición y más tarde otro de periodismo en tiempos de crisis. Phil Bennet hizo el suyo sobre las tendencias de la prensa en los Estados Unidos y Stephen Ferry lo hizo sobre fotografía. El magnifico Horacio Bervitsky y el acucioso Tim Golden exploraron distintas áreas del periodismo investigativo, y el español Miguel Ángel Bastenier dirigió un seminario de periodismo internacional y fascinó a sus talleristas con un análisis crítico y brillante de la prensa europea.

Uno de gerentes frente a redactores tuvo resultados muy positivos, y soñamos con convocar el año entrante un intercambio masivo de experiencias en ediciones dominicales entre editores de medio mundo. Yo mismo he incurrido varias veces en la tentación de convencer a los talleristas de que un reportaje magistral puede ennoblecer a la prensa con los gérmenes diáfanos de la poesía.

Los beneficios cosechados hasta ahora no son fáciles de evaluar desde un punto de vista pedagógico, pero consideramos como síntomas alentadores el entusiasmo creciente de los talleristas, que son ya un fermento multiplicador del inconformismo y la subversión creativa dentro de sus medios, compartido en muchos casos por sus directivas. El solo hecho de lograr que veinte periodistas de distintos países se reúnan a conversar cinco días sobre el oficio ya es un logro para ellos y para el periodismo. Pues al fin y al cabo no estamos proponiendo un nuevo modo de enseñarlo, sino tratando de inventar otra vez el viejo modo de aprenderlo.

Los medios harían bien en apoyar esta operación de rescate. Ya sea en sus salas de redacción, o con escenarios construidos a propósito, como los simuladores aéreos que reproducen todos los incidentes del vuelo para que los estudiantes aprendan a sortear los desastres antes de que se los encuentren de verdad atravesados en la vida. Pues el periodismo es una pasión insaciable que sólo puede digerirse y humanizarse por su confrontación descarnada con la realidad. Nadie que no la haya padecido puede imaginarse esa servidumbre que se alimenta de las imprevisiones de la vida. Nadie que no lo haya vivido puede concebir siquiera lo que es el pálpito sobrenatural de la noticia, el orgasmo de la primicia, la demolición moral del fracaso. Nadie que no haya nacido para eso y esté dispuesto a vivir sólo para eso podría persistir en un oficio tan incomprensible y voraz, cuya obra se acaba después de cada noticia, como si fuera para siempre, pero que no concede un instante de paz mientras no vuelve a empezar con más ardor que nunca en el minuto siguiente.

FIN

TOMADO DE
http://www.ciudadseva.com/textos/otros/ggmmejor.htm

7 Mayo 2008 | 07:26 PM

AZUCENA PARRA SOLER

AZUCENA PARRA SOLER dijo

Considero que el Periodismo es la mejor expresió que tiene el ser humano pued tu puedes expresarte muy bien puedes tener la opción de construitr y arregalar un discurso y puedes seleccionar que decir que no decir además como cuarto poder se debe saber aprovechar para transformar una cultura que está en detriemento de valores, a través de ella se debe buscar la manera de infundir crecimiento social para enriqucer nuestro medio y animar a los chicos para que se expresen y encuentren en el peridismo una de las mejores formas de ser tu sin ultrajar al al otro y respetando nuestro propio espacio

23 Mayo 2008 | 09:39 PM

AZUCENA PARRA SOLER

AZUCENA PARRA SOLER dijo

CUARTO PODER INFLUYE EN LA ESCUELA

Por supuesto que el comentario histórico que realiza Diana Uribe sobre el cuarto Poder tiene una gran influencia en la prensa escolar ya que Diana Uribe explica claramente como existe una Prensa que es dañina que solo es una manipuladora que coacciona masivamente e induce a una respuesta de consumismo de moda y de alimentos mientras que la otra que ella enfatiza la Prensa Conceptual esa es la que nos sirve la que se puede y se debe aplicar en la escuela para que los estudiantes se reencuentren consigo mismo y se den cuenta que esta clase de periodismo además de encerrar la ética encierra unos canales de comunicación fuertes que pueden inducir al cambio del sistema de su propia institución pueden influenciar un PEI y hasta la metodología de sus propios maestros (as)

Lo cual quiere decir que a los estudiantes se les debe enseñar como se debe utilizar ese medio de expresión, de manera productiva se les debe indicar cómo ubicar ese cuarto poder como un instrumento de expresión y formación, un medio emancipatorio que les induzca a buscar mecanismos de cambio que contribuyan a construir una sociedad tolerante con valores de progreso, aceptación y disponiblidad al acelerado cambio que se da por estas fechas.

23 Mayo 2008 | 09:44 PM

fabiola ruiz

fabiola ruiz dijo

La idea de involucrar al estudiante de una manera más activa dentro de su proceso de formación no es solamente a través de la participación en el aula de clase,es necesario que sus experiencias se trasladen al entorno en que vive.Por esta razón es importante hacer de él un ser crítico y conciente de su papel transformador en la sociedad, y la mejor manera de hacerlo es integrándolo a los medio de comunicación y la realidad que los rodea, ya que de ellos se desprenden gran parte de los valores que adquieren los ciudadanos en la actualidad.
Hacer uso de los medios informativos para crear una cadena de mejoramiento social,es parte del trabajo que debe realizar el docente con los estudiantes.

30 Mayo 2008 | 06:00 AM

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